miércoles, 21 de mayo de 2014

FUERZA MENTAL EXTERNA E INTERNA

SALGAMOS EL TEMA UN POCO
Volvamos un poco a las malas costumbres, muchos hábitos son terriblemente sutiles, pero increíblemente poderosos. Sin avisar, son capaces tomar el control del tu vida, y llevarte en una dirección totalmente distinta a la que tenías pensado. Es como si la mente estuviese en una parte y el cuerpo en otra. El psicólogo Daniel Simons ha realizado numerosos experimentos, y trata en uno de sus temas la automatización del ser humano. Tanto como libros de Psicólogos muy afamados, que llevan adelante proyectos como La Mente Plena, Guias y Tratados Para encontrar Paz, es decir, en el mundo ya hace mucho, comenzaron a trabajar en lograr que la mente esté más confortable, fundamentalmente en su funcionamiento. Ello se comenzó a aplicar en los deportes como complemento, y en realidad se tornó en un trabajo fuerte de una o tres veces al mes y mucho más en los TOP. Se trabaja sobre la sobredosis de contaminación, y de arraigos a cosas muy superfluas de esta sociedad, que nos dañan y no sabemos cómo combatirlas, porque a veces ni sabemos que estamos siendo abatidos, por esa contaminación.
Se llama Piloto Automático, a las funciones que tenemos de hacer cosas sin pensarlas. Más de una vez, que estamos en la calle mirando algo, damos vuelta la cabeza y al volver a mirar lo anterior, quizás ni nos dimos cuenta, que por ejemplo en esa vidriera hubo un cambio. Esto demuestra lo fácil que resulta caer absortos en nuestros pensamientos y lo poderosos que pueden ser los efectos secundarios. Es como si nuestra mente se vaciase de conciencia, dejando todo el control al piloto automático.
El piloto automático puede ser inoportuno, pero no se trata de un error. Aunque nos decepciona en momentos inesperados, sigue siendo uno de los grandes logros de la evolución de la humanidad. Nos permite evitar temporalmente un defecto que todos los animales compartimos: sólo podemos concentrarnos realmente en una cosa a la vez, o, en el mejor de los casos, prestar atención intermitente a un pequeño número de cosas. Nuestra mente tiene un cuello de botella en la llamada “memoria activa” que nos permite ocuparla en un número limitado de cosas en cada momento. Esta es una razón por ejemplo de que los números telefónicos podemos recordarlos, pero si los mismos tuvieran mucho más cantidad de dígitos sería difícil hacerlo. Si superamos un límite, tendemos a olvidar los datos. Parece que un pensamiento expulsa al anterior. Si en la mente hay demasiada información, la memoria activa empieza a desbordarse. Aparece el estrés. La habilidad se escapa entre los dedos, te sientes sin fuerza, y tiene muchas capacidades de decisión y de conciencia. Es una cadena de situaciones y como si fuera un espiral nos va llevando, cada vez, a situaciones peores. Al principio no descubrimos el impacto, pero cuanto más umbrales cruzamos, nuestra propia computadora será más lenta, se irá congelando, y por último falla.
A corto plazo, el piloto automático nos permite ampliar la memoria activa creando hábitos. Si repetimos algo más de dos veces, la mente relaciona todas las acciones necesarias para completar bien una tarea. Gran parte de las tareas que llevamos a cabo cada día son extraordinariamente complejas; requieren la coordinación de decenas de músculos y la puesta en funcionamiento de cientos de terminaciones nerviosas. No obstante, todo se relaciona recurriendo a un hábito que consume una pequeña parte de la capacidad mental (y una proporción todavía más pequeña de conciencia). El cerebro es capaz de concatenar esos hábitos para llevar a cabo tareas largas y complejas con una aportación muy baja de la mente consciente. Por ejemplo, si aprendiste a conducir un coche con el cambio manual, es probable que te resulte muy difícil cambiar de marchas al principio, pero ahora lo haces sin pensar. A medida que fue aumentando tu capacidad de conducir, aprendiste a llevar cabo varias tareas simultáneas a las que ahora no prestas atención. Así, ahora eres capaz de cambiar la marcha y mantener una conversación al mismo tiempo y sin ningún esfuerzo. Son hábitos concatenados y coordinados por el piloto automático.
Ejemplo: ¿alguna vez has encendido el ordenador para enviar un correo, y estabas apurado, y has caído la tentación de responder otros, al rato quizás una hora más tarde, apagadas el ordenador sin haber enviado el mensaje, qué pensabas enviar al principio?
No era lo que pensabas hacer. Observa la consecuencia: la próxima vez que prendas el ordenador, todavía tendrás que enviar aquel mensaje y además mirar los nuevos en respuesta a lo que enviaste en aquella hora de trabajo no programado.
Cuando eso ocurre, es posible que pienses que estás haciendo un buen trabajo, “despejando terreno” pero lo que estás haciendo en realidad es abusar de correo electrónico, desperdiciando tu tiempo, haciendo en mucho tiempo lo que podría hacer en un rato.
Si eres plenamente consciente, tendrás un mayor control de tu piloto automático y podrás utilizarlo para recurrir a hábitos a medida que los necesites. Por ejemplo, es posible que en torno a las 17:30 caigas en los hábitos del “final de la jornada de trabajo”: un último vistazo los correos, cerrar el ordenador y buscar rápidamente entre tus cosas para asegurarte de que quienes las llaves, el teléfono y el monedero, billetera. Al mismo tiempo, es posible que te pongas en una conversación absorbente con un colega mientras piensas que vas a cenar. No obstante, cabe la posibilidad de que pierdas el control consciente de piloto automático muy fácilmente. Un habito puede acabar desencadenando otro, y este, otro y otro. Por ejemplo, puede ocurrir que te marches a casa directamente, porque has olvidado que has quedado con un amigo para tomar algo. De esa forma aparentemente tan discreta, los hábitos son capaces de hacerse del control de tu vida. Con el paso de los años esto empeora, se va adueñando de nuestro carácter, los pensamientos los cuales han desencadenando sentimientos negativos que pueden convertirse en patrones que aumentan las emociones. Antes de que te des cuenta, puedes verte abrumado por presiones, ansiedades y tristezas muy arraigadas. Y cuando percibas los pensamientos y los sentimientos no deseados, serán demasiado potentes para contenerlos. Un comentario sin importancia de un amigo puede dejarte con una sensación de infelicidad e inseguridad. Esos pensamientos se adueñan de nosotros, y dicen, vamos por todo. La espiral descendente cada vez es más fuerte, es como si quisiéramos desconectarnos del mundo, (queremos dormir para escapar) hasta podemos sentirnos culpables de la pérdida de control. Tal vez intentemos salir desesperadamente de esa locura,  tratando de suprimirla. O puede que nos critiquemos: “soy estúpido por sentirme así”. Sin embargo pensar así empeora las cosas. Cuando está sobrecarga se apodera de la mente consiente, resulta difícil invertir el proceso. Es como si un ordenador en nuestro cerebro abriera infinitas ventanas, convirtiéndolo en muy lento, de tal manera que llega un momento que ya no funciona. Lo que necesitas es encontrar una manera de salir del círculo en cuanto lo ves que comienza. Es el primer paso para aprender a enfrentarse mejorar a la vida. Y para ello tienes que aprender a percibir cuando tomó el poder el piloto automático, porque entonces podrás decidir en qué quieres que se centre tu mente. Tiene que aprender a cerrar algunos de los programas que se han quedado funcionando en el fondo de tu mente. El primer paso para recuperar el equilibrio mental (mente plena) natural, consiste en volver a lo básico. Tienes que re aprender a centrar tu conciencia en una sola cosa a la vez.
Este extracto del libro de plenitud mental, nos hace ver que en el deporte es perfectamente igual. Esta cadena de circunstancias es la que nos lleva a grandes enojos y enfados, que impiden el que podamos volver a la situación de inicio. Por ello al margen de cuestiones de estado físico, esta compleja situación mental, nos impide rehacer el trabajo, con paz y tranquilidad para terminar bien un torneo.

EJERCITA TU MENTE, CONSEGUIRAS MUCHOS PUNTOS

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