domingo, 16 de octubre de 2011

DIOS EN NOSOTROS


Solo por el amor de ella, vivo en plenitud,
solo pueden decirlo nuestras almas
Hoy en otro día especial, como tantos
entrelazamos nuestras manos, nuevamente
en ellas se formo una bruma de energía,
que rozaba entre lo divino y lo celestial.
Las luces iban creciendo, luces de fuerza,
luces de nuestras almas, brotaban, giraban
la blancura y el dorado de ellas,
son imposible de describir.
De repente, cuatro ángeles aparecieron,
todos de un blanco inmaculado,
dos a cada lado, pero los de ella,
como imponiéndoles sus manos,
hicieron crecer la energía, que estaba
entre nosotros, que iban y venían
entre nuestros cuerpos,
nuestras auras crecieron, con infinita fuerza,
y se unían en una sola, como un solo ser.
Todo como en un cuento de hadas,
se fue tejiendo, uno tras otro,
cada uno de estos sucesos celestiales,
sucesos, que siguen haciendo,
que nuestro amor, sea puro,
tan puro, que no es de este mundo,
tan puro, que solo Dios,
puede estar entre nosotros.

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